
La Audiencia Provincial de Barcelona ha condenado a cinco años y medio de prisión a la dueña de un pub por contaminación acústica y por "perturbar la salud física y psíquica" de tres vecinos.
Esta es la primera sentencia de la historia de España en la que un asunto de ruidos no se juzga sólo como delitos contra el medio ambiente sino también contra la salud e integridad de otras personas. También es la primera vez que se pone una pena tan grande, el anterior récord eran cuatro años.
Me llama la atención sobre todo el precedente que sienta la sentencia. Para empezar, a algo parecido podrían ser condenados cientos y cientos de establecimientos de casi todas las ciudades españolas, pero mi pregunta es la siguiente. ¿Se van a atrever los tribunales a imponer condenas similares cuando la inculpada no sea una dueña de un pequeño bar sino Aena o Renfe?
Digo yo que vivir al lado de un aeropuerto genera un malestar al menos igual de grande que hacerlo encima de un bar y que aquellas personas que tienen su casa a 20 metros de la vía del tren también sufren un nivel de decibelios muy por encima de lo que se puede considerar saludable. Además, como todo el mundo sabe no se cumple la legislación en materia de insonorizar viviendas o tratar de disminuir el ruido que provocan por ejemplo los aeropuertos.
Hasta ahora Aena, Renfe, algunos ayuntamientos y comunidades (que construyeron carreteras o infraestructuras muy cerca de las viviendas) han sido multados por ruido. Pero ahora, ¿debemos entender ahora que el presidente de Renfe puede ir a la cárcel si condenan de igual forma a su empresa? ¿Alguien se lo cree?
Me parece bien que se impongan sanciones, pero creo que algunas veces los tribunales tratan de dar ejemplo y se pasan. Cinco años de cárcel no son una tontería porque vienen a suponer como mínimo dos entre rejas. No digo con ello que no dejar vivir a la gente no sea un delito, que en este caso se perpetuó durante 11 meses en el tiempo, pero si eso fue así fue porque la Policía de Barcelona lo permitió. Que hubieran cerrado el local o hubieran detenido a la dueña si se negaba a cerrar pero meterla ahora al menos dos o tres años en la cárcel supone una condena excesiva, que además no se atreverá nadie a imponer a otros organismos que generan seguramente más ruido que un pequeño local de Barcelona.
No sé qué opináis, espero vuestros comentarios.